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¿Somos humanos gracias a la cocina?

Ciencia

21 Febrero 2018

¿Somos humanos gracias a la cocina?

En la búsqueda de aquello que nos diferencia del resto de animales, los expertos prestan una especial atención a nuestro cerebro. Con más tamaño y neuronas que el del resto de primates, el cerebro humano nos ha permitido alcanzar unas habilidades cognitivas extraordinarias. Pero, ¿cómo llegó a formarse ese cerebro? Algunas de las pistas que tenemos conducen a la cocina.

Lo explica la neurocientífica brasileña Suzana Herculano-Houzel (Rio de Janeiro, 1972) en su libro The human advantage: how our brains became remarkable ("La ventaja humana: cómo nuestros cerebros se convirtieron en extraordinarios"). De sus investigaciones se desprende que la clave para nuestro desarrollo cerebral se halla más de un millón de años atrás, cuando nuestros antepasados descubrieron el fuego, lo dominaron y lo empezaron a aplicar a los alimentos. La comida cocinada hizo que los alimentos fueran más fáciles de masticar, digerir y absorber en el estómago, produciendo mucha más energía en menos tiempo.

De esta forma, no necesitamos dedicar tantas horas a la alimentación como los otros primates. Herculano-Houzel calcula que, si comiéramos productos crudos como el resto de animales, una persona de unos 60 o 70 kilos de masa corporal -con las 86.000 millones de neuronas que tenemos en el cerebro- debería dedicar unas nueve horas al día a alimentarse. Cocinar, por tanto, nos proporcionó una gran cantidad de tiempo y de energía para dedicarnos a otras actividades.

Antes de alcanzar esta deducción, Herculano-Houzel se dedicó primero a desmontar la creencia de que los cerebros de todos los mamíferos se formaban de la misma manera, con un número de neuronas (unidades funcionales de procesamiento de la información cerebral) proporcional al tamaño. Bajo esta visión, nuestro cerebro se consideraba especial: logró desarrollar las mayores capacidades sin ser el más grande, ya que pesa entre 1,2 y 1,5 kilos mientras que, por ejemplo, el de los elefantes pesa entre 4 y 5 y el de las ballenas hasta 9.

A través de una serie de novedosos experimentos -como disolver cerebros hasta convertirlos en una especie de sopa que conserva solo el núcleo- la investigadora de la Universidad de Vanderbilt (Nashville, Estados Unidos) logró demostrar que en realidad el tamaño de nuestro cerebro es acorde al de los otros primates. Nuestra ventaja diferencial, apunta, estriba en el alto número de neuronas (16.000 millones) que poseemos en la corteza cerebral, justo donde residen nuestras funciones de lenguaje y pensamiento abstracto. 

La explicación más sencilla y a la vez más probable de ese desarrollo cerebral, defiende la científica brasileña, está en aquello que solo los seres humanos hacen: cocinar.