Mujeres que transforman Turquía a través de la gastronomía

Durante más de dos décadas, Ebru se dedicó a empoderar a mujeres turcas con la idea de que generen fuentes propias de ingreso a través de sus cocinas.  Su último proyecto va un paso más allá y encara los desafíos que ha implicado la llegada de refugiados de la vecina Siria a Turquía, proponiendo centros de formación en la provincia fronteriza de Mardin cuya misión es propiciar la inclusión, el diálogo intercultural y el empleo a través de la oferta turística.

Hasta 1999, la cocinera y activista se dedicaba al sector turístico en su ciudad natal, Estambul.  Buscando un cambio de aires y nuevas oportunidades cruzó el país y se mudó a la pequeña ciudad de Mardin, a pocos kilómetros de la línea divisoria con Siria. Por entonces, en esa localidad de unos 80.000 habitantes apenas habían un hotel tres estrellas y un restaurante. El feroz desempleo en la región llevó a Ebru a reflexionar sobre la forma en que el turismo podía contribuir a reactivar un territorio próximo a los conflictos de Oriente Medio pero que albergaba un gran potencial en lugares históricos. Al observar que los viajeros que llegaban a Mardin no encontraban opciones atractivas para comer, la cocinera comenzó a abrir las puertas de su propia casa para atenderles. Su iniciativa despertó el interés de la comunidad y animó a otras mujeres a habilitar 21 viviendas históricas de Mardin para servir comida tradicional a extranjeros, dinamizando así este sector de la economía de la ciudad.

Con el apoyo de Ebru, estas mujeres convirtieron una mansión asiria con más de 120 años de historia en un restaurante. Así nació en 2001 Mardin Cercis Murat Konagi, un local determinante en el proceso de transformación turística de la ciudad que no ha parado de formar y emplear a mujeres que atravesaban una situación vulnerable. A partir de este proyecto, Ebru se ha dedicado a la investigación de la cocina de Anatolia, documentando tradiciones y procesos que mantienen con vida la herencia culinaria de las poblaciones de la región.

El estallido de la guerra en Siria y la huida de más de tres millones de personas al país vecino trastocó el panorama y las prioridades de la frontera sur turca. Decidida a aplicar los aprendizajes de Mardin, Ebru se trasladó a la ciudad de Sanliurfa –cercana también a la frontera siria- donde actualmente viven más de 400.000 refugiados. En ese contexto, la cocinera lanzó un proyecto orientado tanto a refugiadas sirias como a mujeres turcas a las que impulsa a elaborar y comercializar productos tradicionales, como pastas de tomate y pimienta, para luego ser comercializadas en grandes cadenas de supermercados. El llamado Harran Gastronomy Project ha recibido el apoyo de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el Centro Internacional de Investigación para la Paz en Oriente Próximo y el gobierno del Distrito de Harran.

Ebru y su equipo cuentan con una cocina-estudio para propiciar intercambios entre ambas culturas gastronómicas pero en el futuro aspiran a disponer de un restaurante y de unas instalaciones adecuadas para brindar capacitación culinaria a mujeres locales y sirias para facilitarles la obtención de un empleo. El trabajo de la cocinera fue reconocido con el Premio al Emprendedor Social de Turquía 2017, otorgado por el periódico turco Milliyet y la consultora Ernst&Young.