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Francisco Abenante: En Venezuela lo trascendental no es aliviar el hambre, sino cambiar realidades

Desarrollo social Salud

25 Septiembre 2018

Francisco Abenante: En Venezuela lo trascendental no es aliviar el hambre, sino cambiar realidades

Con más de 20 años de carrera y ganador de los laureles locales más reconocidos, Francisco Abenante (Caracas, 1971) es una de las grandes figuras de la cocina venezolana. Este chef autodidacta participó en la apertura de la primera escuela de cocina abocada enteramente a la gastronomía venezolana (cuando sólo se prestaba atención a lo foráneo) y se ha dedicado a la formación de nuevos talentos y la promoción de buenas prácticas, siendo el primero en establecer una huerta urbana y un modelo de restaurante de auto consumo capaz de elaborar artesanalmente todo lo que sirve.

Desde 2016 es también el principal motor de Barriga Llena, Corazón Contento, una fundación creada con chefs y otros profesionales a quienes unía el espanto por las consecuencias que la crisis económica y el desabastecimiento dejaba sobre la alimentación de la población, en especial la de niños y ancianos vulnerables. Entre otros alarmantes informes, un estudio elaborado en 2017 por Caritas estimó que  el 11,4% de los niños menores de cinco años de cuatro estados venezolanos -incluida Caracas- padecen manutrición moderada o severa. 

Barriga Llena, Corazón Contento ha logrado movilizar a casi una decena de restaurantes y a cientos de voluntarios para recolectar alimentos, cocinar y servir a diario más de 500 comidas en tres comedores infantiles de zonas populares y una residencia de ancianos sin hogar. Tras tres años de aprendizaje sin pausa, en los que han repartido más de 225.000 comidas, la fundación impulsa nuevos y diferentes proyectos. El objetivo, como describe Abenante en una entrevista telefónica, es pasar de un modelo de ayuda asistencialista a otro más formativo que contribuya a "transformar realidades".

 

¿Cuál fue el detonante que os impulsó a crear Barriga Llena, Corazón Contento?

Ocurrió hace casi tres años, cuando empezó a verse con alarma que había gente comiendo de la basura. Yo una mañana vi una noticia en Twitter donde aparecían unas fotos muy duras de una familia entera, padre, madre y tres hijos agachados en una bolsa de basura comiendo. Me causó mucho asombro y preocupación. Hablando con David Akinin, otro cofundador, le decía que la única forma que tenemos nosotros de ayudar era desde lo que sabíamos hacer: cocinar.

En ese momento hablamos con una amiga, Ana Isabel Otero, que tiene una fundación que ayuda a varios hospitales con medicinas y alimentos para niños y nos comentó que en el hospital J. M. de los Ríos, que es uno de los hospitales pediátricos más importantes de Caracas, tenían problemas con los comedores. Efectivamente no tenían entonces proveedor de comida y la situación era muy grave, con una dieta inconstante y precaria. Decidimos hacer la comida para los niños del hospital. Dos días después se unió otro amigo, Carlos García, con su restaurante y a las dos semanas ya éramos un grupo de varios cocineros y gente colaborando. En ese momento surge la idea de asociarnos de manera formal y crear una fundación para poder recoger fondos.

¿En qué medida han observado que se ha deteriorado la alimentación en Venezuela en los últimos años?

Es sumamente dramático. Tenemos un gran problema de ingresos, una inflación bestial no reconocida por el gobierno. Muchísima gente en Venezuela, el 60% o 70%, están pendientes de obtener ingresos solo para alimentarse. Ni para salud, ni para recreación, ni para educación, ni para nada más, únicamente para alimentarse o malalimentarse. Menos del 10% de la población tiene un consumo constante de proteína animal.

Hay estudios de los niños y la desnutrición crónica alcanza cifras importantes. Yo lo comparo con una tragedia pero, a diferencia de una guerra o catástrofe natural, aquí no hay reconocimiento de las autoridades y disposición a ayudar. Aquí hay simplemente silencio o negación. 

¿Reciben alguna ayuda de alguna autoridad?

No hemos tenido ninguna ayuda ni comunicación por parte de ellos. Inclusive en algunas oportunidades hubo resistencia en el hospital para dejarnos entrar, y fueron las mismas madres de los niños quienes alzaron la voz para que pudiesemos acceder. Tampoco nos han molestado. Creo que están conscientes de que este movimiento que ha surgido de fundaciones les soluciona un problema muy grande.

Nuestros fondos se han ido reduciendo no solo porque ahora hay muchas más iniciativas similares a la nuestra y supongo que la ayuda se diluye, sino porque la gente se va desensibilizando, va perdiendo la capacidad de asombro y lo más terrible es que de una u otra manera yo siento que nos hemos ido acostumbrando a esta nueva realidad, hay una cierta pasividad.

  

¿Iniciativas tan movilizadoras como esta representan una esperanza ciudadana de cambio?

Sí. Muchísimas madres nos dicen que la comida que llevamos a sus niños es la principal del día. Es una esperanza pero también un paliativo. Me genera cierto ruido mental que estamos ayudando en una situación extrema pero esa ayuda no es trascendente porque no es capaz de transformar realidades. Estamos aliviando un problema puntual, que no hay qué comer, pero yo siento que no en todos los casos cambia la realidad de nadie. Todo lo contrario, los hace más dependientes y esa es mi gran preocupación y en este momento nos estamos replanteando el enfoque de lo que estamos haciendo.

Uno de los grandes problemas que tenemos es el asistencialismo, que te regalen cosas por nada. Siempre me ha molestado un poco porque entiendo que siempre hay formas en las que la gente puede involucrarse para cambiar su realidad directamente, más que esperar a que llegue otro a regalarle o darle algo de la nada. En este momento estamos trabajando en hacer un centro de formación de madres -porque es muy común en las zonas populares que sean las madres los sustentos de familia-, entrenarlas nosotros no solo en la cocina sino en administración, organización, compras, etcétera. Y poder hacer pequeñas cooperativas enfocadas en ciertas zonas donde ellas mismas vendan comida y gestionen ese negocio.

¿Había participado en proyectos sociales anteriormente?  

No habíamos tenido una crisis tan grande como esta. Yo había trabajado en la elaboración de cenas y actividades para recolectar fondos para la lucha contra el cáncer. Pero de lleno con el tema alimenticio es de hace tres años que comenzó esta crisis de venezuela y no le vemos la salida.

¿Cree que el cocinero moderno tiene que comprometerse con su sociedad más allá de su cocina?

Definitivamente. Es un enfoque mundial que tiene el cocinero de estos tiempos. Su percepción de las cosas es mucho más amplia que solo sus clientes y la cocina. Y los enfoques son muy variados, desde la ayuda humanitaria, que es bastante común ya; hasta medio ambiente, sustentabilidad, el resguardo de las tradiciones, la identidad o la cultura de cada sitio. El cocinar se vuelve algo multidisciplinario.

 

¿Qué impacto ha tenido la crisis en su restaurante, La Casa Bistró?

Para ser honesto, hasta hace poco más de un mes vivía como en una burbuja. Nuestro restaurante ha sido bastante exitoso porque la propuesta que planteamos fue novedosa. Desde el anuncio económico que hubo hace poco más de un mes, hubo un cambio de sueldos importantes, la inflación subió 500 puntos de un solo golpe. Hemos sentido la crisis en dos aspectos, por una bajada de nuestras ventas y la gran migración de gente joven. La cocina es algo que la gente puede ejercer en cualquier parte del mundo y ahora tenemos un problema importante de personal. Casi el 70% de mi nómina tiene menos de seis meses conmigo y es un problema grave porque hay que entrenarles y, cuando aprenden, algunos se van.

¿Cómo cocinero, cómo ha afrontado el problema del desabastecimiento?

En las crisis siempre aparecen oportunidades, y aquí un cocinero no puede ya sentarse en su oficina, tomar el teléfono y pedir cosas para que le lleguen. Hay que ir a ver quién está haciendo qué, hay que recorrer el país, hacer alianzas con productores pequeños, aportar conocimiento para que esas alianzas sean ganar-ganar para todos. Y asi hemos paliado un poco la crisis".